Dicen que a Raccoon City se vuelve con lo que uno lleva y con lo que se encuentra en el camino, y esta vez el paquete es un mensajero cualquiera
La nueva película de Resident Evil pone a Austin Abrams a correr por la nieve de Praga como un repartidor sin armas ni experiencia, bajo la dirección de Zach Cregger. Una nota para leer despacio, con el explicativo que el final merece.
Vaya uno a saber qué le pasó por la cabeza a Zach Cregger cuando decidió meter la saga de Resident Evil dentro de una hora y media escasa, pero lo cierto es que el corte le quedó bien ajustado: la película dura alrededor de 95 minutos y ese reloj parece correr junto a su protagonista, Bryan, un mensajero cualquiera que acepta un último reparto y termina inaugurando, sin saberlo, el apocalipsis que ya conocimos en los videojuegos. Eso, miren, es lo que más rescato de este enfoque: la saga suele llegar con pantalla grande de fábrica, acá entra por la puerta chica, casi de tapada, como cuando en los barrios alguien comenta algo en voz baja y termina siendo lo más importante de la semana.
Para quienes estén llegando tarde al tema, vale la pena poner las cartas sobre la mesa. Resident Evil, la película que dirige Zach Cregger y protagoniza Austin Abrams, adapta la saga de videojuegos pero corre por un carril distinto al de las cintas anteriores. En lugar de especialistas o científicos entrenados, el centro de la historia lo ocupa un empleado de reparto que solo quiere terminar su jornada y volver con su novia, que está embarazada. Es una decisión que define todo lo que viene después, porque pone al personaje justo donde el público puede pararse: en la vereda de la gente común que un día se levanta y el mundo ya no es el mismo.
El reencuentro entre Abrams y Cregger, con oficinas en Praga
Lo que me parece resaltar es el vínculo previo entre el director y el actor: Austin Abrams y Zach Cregger ya habían cruzado caminos en Weapons, y acá vuelven a encontrarse con una dinámica que, por lo que se cuenta desde el rodaje, parece bastante aceitada. Cregger le ofreció el protagónico y Abrams aceptó sin demasiadas vueltas, seducido por la idea de sostener durante todo el metraje la condición de una persona sin ninguna preparación para enfrentar zombis. Es algo que el propio actor mencionó: trabajó para que en medio de las persecuciones y los forcejeos con criaturas, Bryan se mantuviera siempre como uno de nosotros. Y no es un detalle menor, porque sostiene una tensión muy concreta: no estamos viendo a un héroe de acción, estamos viendo a alguien que aprende sobre la marcha que el mundo dejó de tener reglas.
El rodaje se hizo en Praga y, según relataron desde la producción, el equipo enfrentó temperaturas bajo cero y escenas de carrera sobre la nieve. Hay un detalle casi de color que me llamó la atención y que vale la pena contar: en algunos días, la lluvia se congelaba sobre el vestuario entre toma y toma. En una película de estas características, ese tipo de incomodidades termina formando parte de la actuación, y a mí, como espectador, me parece algo que suma a la sensación de que lo que pasa en pantalla también le costó algo a quienes están del otro lado.
Ahora bien, a partir de acá conviene avisar: lo que sigue toca el argumento y, sobre todo, el cierre de la película. Si alguien prefiere llegar virgen al cine, este es un buen momento para dejar la lectura y volver más tarde. De lo contrario, sigamos, porque el recorrido de Bryan es lo que termina de darle sentido al planteo.
Lo que pasa en el camino y por qué importa el final
- La historia arranca con un paquete destinado al hospital de Raccoon City. Bryan acepta entregarlo y, en el trayecto, atropella accidentalmente a una mujer que, casi de inmediato, comienza a convertirse en zombi. La primera sangre, digamos, no la busca él: le cae encima.
- La huida lo lleva a cruzarse con un policía y, después, a encontrar refugio transitorio en una granja. No es un sitio seguro en el sentido cinematográfico tradicional, sino apenas un respiro antes del siguiente sobresalto, como suele pasar en estas historias.
- El envío que cargaba, según se explica, contiene un antídoto contra el virus T. Es la oportunidad concreta de frenar lo que se viene, aunque Bryan ya recibió una mordedura y, por lo tanto, sabe que su tiempo corre por otro lado.
- La transformación física avanza sobre su cuerpo a lo largo del metraje y termina convirtiendo al mensajero en una criatura de gran tamaño. Para esas escenas, Cregger le pedía a Abrams que intensificara los rugidos y se soltara: el actor contó que tuvo que dejar de lado la vergüenza y comprometerse con lo que imaginaba en cada toma, sin Importar lo incómodo del registro.
- El desenlace muestra a Bryan muerto y, con él, la oportunidad de detener el brote. En su lectura, Abrams describió el resultado como frustrante a propósito: existe la cura, pero igual el virus se sigue expandiendo. Por eso insistió en que la película no cuenta la caída de Raccoon City, sino los orígenes de aquello que la hizo caer.
“Lo que más le sorprendió fue, justamente, que al protagonista lo llevan hasta la muerte y le frustran aquello por lo que peleó. Esa decisión es la que permite leer la película como una historia de orígenes, porque pese a que existe un antídoto, el virus sigue extendiéndose.”Austin Abrams, sobre el final de la película
Si me preguntan a mí qué espero cuando me siento frente a una adaptación de Resident Evil, lo digo con honestidad: espero que me devuelva algo de la extrañeza que sentí la primera vez que jugué, esa mezcla de curiosidad y de no querer asomarme a la próxima esquina. La expectativa que tengo con esta versión pasa por ahí, por ver si en menos de cien minutos se puede poner en marcha un Apocalipsis sin necesidad de un equipo de elite sino con un trabajador que solo quería volver a su casa. Y lo que me llevo, después de leer todo lo que se contó, es que la apuesta de Cregger y de Austin Abrams va exactamente en esa dirección: la saga entra por la puerta chica, con un paquete a domicilio y un tipo que no estaba listo, y eso, justamente, es lo que vuelve interesante la espera.
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