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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Cuando la inteligencia artificial se pone el traje de ladrón: la estafa de las 600.000 tarjetas que asusta al comercio electrónico

Una investigación de la firma Gambit revela cómo un ciberdelincuente automatizó cada paso de un ataque masivo con agentes autónomos, instrucciones breves y gastos mínimos, y dejó al descubierto un modelo de crimen que ya está entre nosotros.

Por Rosario ChauqueCultura y tradiciones · · hace 21 d
Cuando la inteligencia artificial se pone el traje de ladrón: la estafa de las 600.000 tarjetas que asusta al comercio electrónico

Dicen los que saben que el diablo no es tan feo como lo pintan, y a veces se disfraza de progreso. Eso mismo debe haber pensado el operador que, a partir de julio de 2026, decidió poner a trabajar a la inteligencia artificial no para defender sistemas sino para vaciarlos, y terminó acumulando al menos 600.000 registros de tarjetas de crédito robados de empresas de todos los tamaños, desde una aerolínea estadounidense hasta un negocio de moda por internet, según reconstruyó la firma de ciberseguridad Gambit tras meses de investigación y de acceso directo al servidor desde donde se coordinaba la campaña.

Una cadena de ataque casi sin manos humanas

Antes de contar cómo se cocina este tipo de estrago, vale la pena entender de qué hablamos cuando decimos que un agente de inteligencia artificial entra a un sistema y se mueve solo. En criollo, son programas diseñados para tomar decisiones por su cuenta, encadenar pasos y aprender de lo que van encontrando, casi como lo haría un analista de seguridad, pero a la velocidad de una máquina y sin pedir permiso a nadie. En esta operación, ese "casi" es lo que preocupa: el margen de intervención humana fue tan chico que el atacante pudo manejar decenas de objetivos escribiendo apenas unas pocas instrucciones por víctima.

Lo primero que hacían los agentes era elegir a quién morder. Para eso consultaban un servicio de clasificación de sitios web y priorizaban empresas que usaban software a medida, es decir, plataformas propias, menos estandarizadas y, en general, más expuestas a errores de configuración. Una vez identificado el blanco, el sistema ejecutaba de manera autónoma el resto de las etapas: buscaba puertas de entrada, probaba credenciales, explotaba vulnerabilidades y, cuando lograba colarse, instalaba skimmers, esos programitas invisibles que se esconden en los formularios de pago y copian los datos de las tarjetas mientras el cliente cree que está comprando tranquilo.

Tres herramientas, un librero y un manojo de instrucciones

  • Hermes hacía de centro de mando: coordinaba tareas, guardaba memoria de ataques previos, programaba actividades y hasta modificaba sus propias habilidades. También se animaba a intrusiones directas.
  • Strix y Cairn eran las puntas de lanza: herramientas pensadas para pruebas de intrusión, usadas en este caso para abrir camino hacia los sistemas comprometidos.
  • El combo completo permitía atacar unas diez empresas por día, con tiempos de acceso que solían medirse en horas y rara vez superaban la jornada completa.

La parte que más llama la atención es la austeridad del comando humano. Gambit revisó el servidor desde donde se administraba todo y encontró 1.951 instrucciones del atacante repartidas en 260 sesiones de Hermes, con apenas unas pocas indicaciones por objetivo. Decir "arrancá con este dominio" o "ahora escaneá este puerto" era suficiente para que la cadena siguiera sola, una dinámica que reduce el costo operativo a unos pocos dólares por víctima y, al mismo tiempo, vuelve casi imposible distinguir al operador de un usuario cualquiera.

El mapa de víctimas y la advertencia que deja

Entre el 10 y el 15 de septiembre de 2026, los investigadores contabilizaron 105 oleadas de ataques y 27 organizaciones comprometidas con distintos niveles de afectación. En la lista aparecen una aerolínea de Estados Unidos, una compañía de hospitalidad en el Fortune 500, una distribuidora industrial y un comercio de moda online, aunque el número real de víctimas sería mayor si se considera que la campaña llevaba meses activa. Algunas intrusiones, además, provocaron trastornos adicionales: los atacantes no solo robaron datos, también borraron información y alteraron sistemas, lo que interrumpió operaciones comerciales y agregó un costo extra al daño original.

Yo que vengo siguiendo estos temas desde hace años, les confieso que este caso me dejó una sensación rara, de esas que dan cuando uno toma dimensión de que algo cambió para siempre. No es catastrofismo ni novela: es la constatación de que el crimen organizado que antes necesitaba equipos de varias personas, semanas de trabajo y conocimientos muy especializados hoy puede resolverse con un script bien armado, tres herramientas encadenadas y un chat con el que se habla como se le habla a un asistente cualquiera. La técnica, claro, es lo de menos; lo de fondo es que el umbral para hacer daño enorme bajó tanto que alcanza con un par de dólares y un buen prompt para poner en jaque a sectores enteros del comercio electrónico, y eso, créanme, nos obliga a repensar cómo nos cuidamos, porque ya no alcanza con tener el antivirus al día: ahora hay que entender que la inteligencia artificial también del lado de afuera de la tranquera, y que viene con las mismas ganas de entrar que cualquiera.

RC
Rosario ChauqueCultura y tradiciones

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