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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Cuando esa llaga en la boca deja de ser un trámite y empieza a pedir turno con el profesional

Una guía de la Clínica Mayo y el Instituto Nacional de Investigación Dental de Estados Unidos repasa las señales que diferencian una afta pasajera de una lesión que necesita consulta médica u odontológica.

Por Delfina ColqueComunidades y territorio · · hace 35 d
Cuando esa llaga en la boca deja de ser un trámite y empieza a pedir turno con el profesional

Las aftas son esas heridas pequeñas que aparecen de la nada en la cara interna del labio, en la mejilla o debajo de la lengua, arden al comer, al hablar y hasta al tragar saliva, y casi siempre se van solas en una o dos semanas sin necesidad de tratamiento. No son contagiosas, no vienen de un virus que se pasa de boca en boca, y se calcula que a lo largo de la vida le aparecen a una de cada cuatro personas, según el Instituto Nacional de Investigación Dental y Craneofacial de Estados Unidos (NIDCR, por sus siglas en inglés). La molestia es real, pero en la enorme mayoría de los casos la historia termina bien y rápido.

Por qué se forman y qué las empeora

La Clínica Mayo explica que muchas veces la afta aparece después de una mordedura accidental mientras se mastica, de un cepillado demasiado enérgico con un cepillo de cerdas duras, del roce de un aparato de ortodoncia mal ajustado, de una prótesis que frota donde no debe o del borde filoso de una muela partida o con caries. También hay alimentos que irritan la zona ya lastimada y prolongan el dolor: los cítricos, los picantes, los muy salados y, en algunas personas, el chocolate o el café. La buena noticia es que cuando se identifica y se corrige ese factor, por ejemplo lijando el filo de la pieza o ajustando la placa, la posibilidad de que vuelva a aparecer en el mismo lugar baja de manera considerable.

Mientras tanto, el tratamiento apunta a algo bastante concreto: aliviar el dolor y ayudar a que la herida cierre antes, aunque, como aclara el NIDCR, nada de eso garantiza que las lesiones no vuelvan a salir en el futuro. Para los cuadros leves alcanza con geles de venta libre que se aplican directo sobre la llaga y con enjuagues bucales antisépticos que mantienen la zona limpia mientras cicatriza sola.

Cuándo la llaga deja de ser un trámite y pide consulta

  • Cuando la lesión no se cura en dos semanas o más.
  • Cuando las aftas reaparecen con frecuencia, varias veces al año.
  • Cuando la herida es inusualmente grande o se extiende hacia los labios.
  • Cuando aparece una nueva llaga antes de que la anterior haya cerrado.
  • Cuando el dolor no se controla, impide comer, beber o hablar con normalidad.
  • Cuando se suma fiebre, decaimiento o inflamación marcada alrededor de la herida.

La Clínica Mayo insiste con un punto que muchos subestiman: las aftas que se repiten con regularidad pueden estar hablando de algo que está pasando en otro lado del cuerpo, sobre todo de niveles bajos de hierro, zinc, ácido fólico o vitamina B12. Eso no significa que cualquiera que tenga llagas recurrentes tenga una carencia ni que deba salir a comprar suplementos por su cuenta, porque un exceso de esos nutrientes también puede hacer daño; la indicación la tiene que dar un profesional después de evaluar la historia clínica y, si lo considera necesario, pedir análisis de sangre.

Una revisión publicada en el repositorio científico PMC advierte, además, que antes de encuadrar todo como aftas recurrentes hay que descartar otras causas posibles, desde infecciones hasta enfermedades inmunológicas, y que en esos casos la evaluación no se limita a mirar la boca: hay que revisar también los síntomas que aparecen fuera de ella, como lesiones en la piel o en los ojos.

En el día a día, una llaga ocasional no es motivo de alarma: se espera, se calma con geles y enjuagues y, sobre todo, se evita rascarla con la lengua, que es el gesto que más la agranda y más la demora. Si se la mordió una pieza dental filosa, un arreglo en el odontólogo puede sacarla del mapa para siempre. Y si el cuadro se aleja del guión típico, ya sea porque dura más de la cuenta, vuelve cada dos por tres, crece más de lo esperado o viene acompañada de fiebre, la consulta con un odontólogo o con un médico clínico es el paso que corresponde, porque detrás de una afta persistente a veces se esconde un déficit nutricional, una enfermedad autoinmune o, en los casos más raros, una lesión que no es afta y necesita otro tipo de abordaje.

DC
Delfina ColqueComunidades y territorio

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