Cuando el peso se trata también en la cabeza: por qué el acompañamiento psicológico es clave para sostener los tratamientos
Factores genéticos, emocionales y ambientales condicionan la relación con la comida. La Organización Mundial de la Salud recomienda una atención integral y un metaanálisis reciente respalda los abordajes psicológicos frente a las intervenciones convencionales.
Bajar de peso no depende únicamente de comer menos y moverse más. El hambre, el descanso, el estrés, el estado de ánimo, la carga genética y el entorno alimentario influyen de manera determinante en la relación con la comida y en la posibilidad de sostener los cambios a lo largo del tiempo. Cuando los tratamientos se limitan a pautas nutricionales y de ejercicio sin contemplar los factores emocionales y conductuales, los resultados suelen volverse difíciles de mantener, según coinciden especialistas y organismos internacionales consultados.
Qué dice la Organización Mundial de la Salud
La Organización Mundial de la Salud (OMS), en su rol de fuente oficial sobre salud pública, sostiene que la obesidad es una enfermedad compleja que surge de la interacción entre la susceptibilidad biológica de cada persona y las influencias ambientales y psicosociales que la rodean. Por ese motivo, el organismo recomienda un abordaje multimodal, es decir, una atención que integre intervenciones conductuales (orientadas a modificar hábitos), nutricionales, psicológicas y médicas, siempre adaptadas a las necesidades particulares de cada paciente. Esta visión aparece respaldada por la Sociedad Europea de Cardiología, que plantea que el tratamiento de la obesidad requiere un abordaje prolongado que combine alimentación, actividad física y aspectos psicológicos, con un plan diseñado de manera individual.
Qué dicen los estudios recientes
Un metaanálisis —es decir, un estudio que reúne y analiza los resultados de múltiples investigaciones previas— que revisó 37 trabajos, entre ellos 21 ensayos clínicos aleatorizados (aquellos en los que los participantes se asignan al azar a distintos tratamientos para comparar sus efectos), encontró resultados favorables de las intervenciones psicológicas frente a los abordajes mínimos o habituales en el manejo del peso. La terapia de aceptación y compromiso, una línea de la psicología cognitivo-conductual que trabaja sobre los valores y la disposición a actuar aun en presencia de incomodidad emocional, fue la que presentó la evidencia más sólida de resultados favorables más allá de los 18 meses de seguimiento, según el trabajo publicado en la revista científica Obesity Reviews.
Por qué la genética cambia el resultado
La carga genética tampoco es un detalle menor. Ciertas variantes genéticas influyen en los mecanismos cerebrales que regulan el hambre y la saciedad (las señales que indican cuándo iniciar y cuándo detener la ingesta), mientras que otras intervienen en el metabolismo, o sea, en la forma en que el organismo utiliza y almacena la energía que obtiene de los alimentos. Estas diferencias explican, en parte, por qué personas que siguen planes alimentarios similares pueden obtener resultados distintos en el descenso de peso.
El peso del estado de ánimo y el descanso
El estado emocional y el nivel de cansancio afectan de manera directa la capacidad de sostener decisiones vinculadas con la alimentación. Ante un momento en el que la persona se aleja del plan previsto, una respuesta rígida —caracterizada por la autoexigencia extrema— puede generar la sensación de haber perdido el control por completo, lo que en ocasiones deriva en episodios de comer de forma desinhibida (sin regulación consciente de la cantidad ni de la calidad de lo que se ingiere). Una respuesta más flexible, en cambio, permite reconocer el traspié sin interpretarlo como el abandono total del proceso, y favorece la continuidad del tratamiento a largo plazo.
Dónde atenderse y en qué horario
Para quienes estén considerando iniciar un tratamiento para bajar de peso con acompañamiento psicológico, se recomienda consultar primero con el médico de cabecera o con el equipo de salud del centro de atención primaria más cercano, donde suelen funcionar programas de nutrición y de actividad física con profesionales del ámbito público. En la Ciudad de Buenos Aires, los hospitales públicos cuentan con servicios de endocrinología, nutrición y salud mental que atienden de lunes a viernes, en general entre las 8 y las 14 horas, aunque los turnos deben solicitarse previamente en la administración del hospital o por la plataforma digital del Ministerio de Salud de la Nación. Las obras sociales y las prepagas, por su parte, cubren prestaciones de psicología y nutrición en sus cartillas de prestadores, con horarios variados que suelen extenderse también por la tarde. En todos los casos, conviene pedir una entrevista inicial para evaluar la necesidad de un abordaje integral que contemple, además de la alimentación y el ejercicio, el trabajo sobre los aspectos emocionales y conductuales que inciden en la relación con la comida.
