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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Cuando el perro estornuda, casi siempre está hablando de alegría: lo que dice un adiestrador y cuándo conviene ir al veterinario

Un estornudo del perro no siempre es motivo de alarma: en la mayoría de los casos responde a la emoción del momento. El adiestrador Tony Silvestre explica cómo distinguir ese gesto inofensivo de una señal de salud que sí requiere atención profesional.

Por Delfina ColqueComunidades y territorio · · hace 31 d
Cuando el perro estornuda, casi siempre está hablando de alegría: lo que dice un adiestrador y cuándo conviene ir al veterinario

Desde que tengo a Moro, un mestizo de cuatro años que recogí en el barrio de Flores, cada vez que arrancamos a jugar a la pelota o me ve llegar con la correa para salir a la plaza, suelta unos estornuditos cortos que a mí me aceleran el corazón porque automáticamente pienso que algo le pasa en la garganta. Por eso, cuando leí lo que dice el adiestrador canino Tony Silvestre al respecto, me quedé más tranquila: resulta que, salvo excepciones concretas, ese sonido forma parte del lenguaje natural del perro y no tiene nada que ver con un resfrío ni con una enfermedad respiratoria.

"Cuando un perro estornuda, no está enfermo, sino que está expresando un estado de ánimo", afirma Silvestre, y la explicación es tan concreta como fisiológica: durante los episodios de alta excitación, ya sea el juego, las caricias o la expectativa de salir a pasear, el organismo del animal acumula presión en las vías respiratorias y el estornudo aparece como mecanismo para liberarla y recuperar una respiración cómoda. El adiestrador lo resume con una cuota de humor que a mí, como dueña primeriza, me sacó una sonrisa: "Si no estornuda, significa que no te quiere".

Cómo saber si el estornudo es emoción y no enfermedad

Para confirmar que ese estornudo es emocional y no sanitario, conviene mirar el resto del cuerpo del perro. Una mirada tranquila, la cola moviéndose sin rigidez, las orejas en posición natural y una postura relajada son señales de que todo está bien, y lo mismo aplica si el animal muestra curiosidad durante los paseos, interactúa con calma con otros perros o se recuesta boca arriba exponiendo la panza, un gesto que indica confianza plena en quien tiene al lado.

También hay causas externas menores que pueden disparar el estornudo, como el ingreso de agua a las fosas nasales después de nadar o de beber apurado, algo que me pasa con Moro cada vez que vuelve de la fuente de la plaza y termina chorreando por todos lados.

  • Falta de apetito sostenida.
  • Decaimiento general y falta de ganas de jugar.
  • Fatiga fuera de lo habitual o respiración agitada en reposo.
  • Estornudos frecuentes sin vínculo con el juego ni la emoción.
  • Cualquier cambio brusco en el comportamiento o en los hábitos de sueño.

El criterio práctico del adiestrador y la palabra del veterinario

El criterio que propone Silvestre es simple y me sirve como regla de oro en la casa: si el estornudo aparece en un momento de alegría o de actividad y el perro muestra todos los indicadores de bienestar que detallé antes, no hay motivo de alarma. Si, en cambio, surge de forma repetida, sin relación con el juego ni con la emoción, y se acompaña de cualquiera de los otros cambios en el comportamiento o en el apetito, la consulta al veterinario deja de ser opcional y pasa a ser una necesidad.

Conocer el lenguaje corporal del perro evita diagnósticos erróneos, ahorra visitas innecesarias a la guardia y, sobre todo, mejora la convivencia diaria. La próxima vez que Moro estornude mientras le estoy por poner el collar para salir, voy a respirar hondo, mirarlo a los ojos y asumir que lo que me está diciendo, con su cuerpo y con ese ruido corto y simpático, es que está feliz de que yo sea su persona y de que otra vez le haya tocado a él el turno de la plaza.

DC
Delfina ColqueComunidades y territorio

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