Convivencia con perros y salud mental: qué sostienen los estudios y dónde están sus límites
Una revisión de la investigadora Diane Dreher y otros trabajos internacionales analizan los efectos emocionales de compartir la vida con un can. El vínculo aparece asociado a menores niveles de estrés, más actividad física y una rutina más ordenada, aunque los especialistas remarcan que un animal no reemplaza la atención profesional.
La convivencia cotidiana con perros aparece asociada en la literatura científica a una serie de efectos concretos sobre la salud mental de las personas, que van desde una reducción percibida del estrés hasta una mayor regularidad en los hábitos diarios, según el repaso de investigaciones difundido en los últimos años por especialistas en psicología y medicina del comportamiento.
Cuidar a un perro exige sostener una secuencia de tareas que incluye la alimentación en horarios estables, los paseos, el juego, la higiene y los controles veterinarios, una estructura que, de acuerdo con los estudios relevados, puede funcionar como ordenador del día para quienes atraviesan períodos de soledad, bajo estado de ánimo o situaciones de aislamiento social prolongado, ya que promueve la salida regular del hogar y el contacto con el entorno.
Qué midieron las investigaciones
Una revisión amplia de la investigadora Diane Dreher compiló estudios sobre los efectos físicos y emocionales del vínculo entre personas y perros, con trabajos que abarcaron ansiedad, depresión, estrés, desarrollo infantil, bienestar en adultos mayores y programas de terapia asistida con animales (intervenciones donde el animal participa como parte de un plan terapéutico conducido por profesionales).
- Variaciones en el cortisol, la hormona vinculada a la respuesta al estrés, observadas en mediciones realizadas antes y después del contacto con el animal.
- Cambios en los niveles de oxitocina, hormona asociada a los lazos sociales y a la confianza, registrados tras el contacto visual o físico entre perros y sus cuidadores.
- Mayor actividad física cotidiana derivada de los paseos, uno de los factores que la literatura especializada relaciona con efectos positivos sobre el humor.
Una revisión publicada en 2012 por Andrea Beetz, Kerstin Uvnäs-Moberg, Henri Julius y Kurt Kotrschal profundizó en esos mecanismos y describió los posibles efectos de calma ligados al contacto afectivo con animales, en línea con hipótesis previas que señalan a la relación humano-can como una vía de regulación emocional no verbal.
Qué dicen los especialistas y cuáles son los límites
Los expertos consultados subrayan que una asociación estadística no prueba causalidad directa, es decir, que el hecho de que dos fenómenos aparezcan juntos en los datos no garantiza que uno sea causa del otro, y remarcan que el bienestar mental depende también de las condiciones materiales, la salud física, los vínculos personales y el acceso a atención especializada, de modo que la presencia de un perro se comprende mejor como un factor dentro de una red más amplia de cuidados.
“La presencia del animal no elimina las causas de la soledad, pero puede modificar la experiencia diaria de quien la atraviesa, aportando compañía, propósito y estructura.”Lectura del informe de la investigadora Diane Dreher
En la población adulta mayor, donde las oportunidades de interacción social tienden a reducirse, el vínculo con un perro cobra una relevancia particulière en la medida en que aporta rutinas, compañía y un motivo concreto para mantener la movilidad, mientras que en la infancia y la adolescencia los perros pueden funcionar como una fuente de cercanía y consuelo, dado que ofrecen una interacción previsible y sin juicios, aunque los investigadores insisten en que ese acompañamiento se sostenga dentro de una red que incluya presencia adulta y, cuando sea necesario, seguimiento profesional.
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