Clint Eastwood pone en su pedestal al western que los marcó a fuego y todavía late en la pantalla
El propio actor y director volvió a ver "El fuera de la ley" y confirmó que, a casi cincuenta años de su estreno, la película sigue manteniendo viva la polvareda del Viejo Oeste, en gran parte por la huella que dejó la derrota en Vietnam.
Dicen por ahí que uno no elige a su película, sino que la película lo termina eligiendo a uno, y si hay alguien que puede dar fe de eso es Clint Eastwood, porque cada vez que la gente lo cruza por la calle y le quiere hablar de su filmografía,termina mencionándole la misma: "El fuera de la ley", aquel western de 1976 que el propio actor y director volvió a revisitar hace poco y, lejos de renegar de los años que le pesan encima, salió más convencido que nunca de que la película todavía se mantiene muy bien,según le contó a la revista Empire en una charla reciente.
Una historia que caló hondo en su momento y volvió a hacerlo
Antes que la pirotecnia visual, lo que siempre conviene entender de "El fuera de la ley" es lo que cuenta, porque detrás de los duelos y las persecuciones hay un argumento que en la Argentina de hoy nos suena menos lejano de lo que parece: la historia de Josey Wales, un granjero del sur de los Estados Unidos que pierde a su familia en plena Guerra Civil y que, cuando el conflicto termina, se encuentra con que la paz no lo quiere libre, sino que lo persigue como si fuera un bandido más, y Eastwood, que la dirigió y la protagonizó, explica que justamente por eso la película pegó tan fuerte cuando se estrenó en 1976, porque su argumento funcionó como una alegoría del desamuro que vivía el país tras la derrota en Vietnam, con un hombre cansado de pelearle a quienes alguna vez fueron sus propios compatriotas y decepcionado por un conflicto que, según sus palabras, fue una de las más sangrientas e impactantes de la historia estadounidense porque enfrentó a estadounidenses contra estadounidenses.
El otro dato que no es menor y que ayuda a entender por qué esta película sigue dando que hablar es el de los números, porque "El fuera de la ley" se hizo con un presupuesto de unos 3 millones de dólares y terminó recaudando más de 31 millones solo en el mercado norteamericano, una cifra que en la época era una verdadera fortuna y que deja a las claras que no fue sólo un éxito de crítica sino también un fenómeno de boletería, y encima, diez años más tarde, intentaron capitalizar ese arrastre con una secuela que se hizo sin la participación de Eastwood y que, como suele pasar cuando se repite la fórmula sin el cocinero original, terminó cayendo en el olvido más absoluto.
Lo que Eastwood dijo sobre el filme y sobre su carrera
- Que es el proyecto que la gente más le recuerda en la calle y por el que más lo detienen en la vía pública.
- Que volvió a verla hace poco y comprobó que la película todavía se mantiene muy bien.
- Que los spaghetti westerns le dieron visibilidad y sin duda lo impulsaron, pero que "El fuera de la ley" fue el primer guion que realmente le gustó.
- Que la película fue pensada como una alegoría del desencanto de posguerra, en sintonía con la derrota en Vietnam.
- Que el tono del relato generaba una sensación de que cualquier cosa podía pasar, lo que le daba una tensión particular.
“Los spaghetti westerns tenían un estilo muy particular, llamaron la atención y sin duda me impulsaron, pero 'El fuera de la ley' fue el primer guion que realmente me gustó.”Clint Eastwood en declaraciones a la revista Empire
Pero que no quede la cosa sólo en lo que dijo el propio Clint, porque también hay un testimonio que le agrega una vuelta de tuerca al asunto y que vale la pena traer a colación, ya que Morgan Freeman, el actor que comparte varias películas con Eastwood, incluida la recordada "Sin perdón", se permitió elegir una favorita de toda la filmografía del director y no dudó un segundo en señalar a "El fuera de la ley" como la que no puede dejar pasar, con una frase tan sentida como la que le dijo a la prensa: Me gustan todas las películas con Clint, pero "El fuera de la ley" es la que no puedo dejar pasar, una declaración que, viniendo de alguien de su trayectoria, no es un dato menor a la hora de calibrar el peso real que tiene esta película en el imaginario del cine de vaqueros.
A casi cincuenta años de su estreno, lo más interesante es que la película no se quedó convertida en una pieza de museo ni en objeto de culto para unos pocos, sino que sigue dando discusión cada vez que se debate qué es un western clásico y qué lugar ocupa Eastwood en ese género, y a mí, confieso, me resulta reconfortante comprobar que hay historias que, con el correr de los años, en vez de ajarse se vuelven más lúcidas, porque cuando uno las repasa hoy, ya sin el ruido de la guerra fría ni el peso de Vietnam, lo que queda es algo todavía más sencillo y por eso más poderoso: la de un hombre solo, con el corazón roto,tratando de reconstruir una vida en un país que parece no tener lugar para él, y eso,créanme, es algo que en este lado del mundo, con los tiempos que corren, nos suena lamentablemente demasiado familiar.
