Cinco rincones del planeta donde el reloj corre más lento y qué nos enseñan
Un cardiólogo argentino repasó las costumbres de Loma Linda, Costa Rica, Icaria, Cerdeña y Okinawa y encontró un patrón común: fe, movimiento cotidiano, comida de la tierra y un motivo para levantarse cada mañana. La genética, dice, pesa apenas un cuarto en la ecuación.
"Definimos nosotros el 75%". La frase la suelta el cardiólogo Jorge Tartaglione y es la que mejor resume el viaje que propone por cinco lugares del mundo donde la gente vive más y, sobre todo, vive mejor. Porque la promesa no es simplemente sumar años: es sumarlos sin enfermedad, con ganas de levantarse cada mañana y con un motivo concreto para hacerlo. Según explicó el especialista, las personas que hoy tienen entre 55 y 56 años tienen una probabilidad alta de alcanzar los 80 sin grandes padecimientos, siempre que adopten ciertos hábitos que, lejos de ser extravagantes, están al alcance de cualquiera.
Los cinco territorios y sus claves
- Loma Linda, California: una comunidad profundamente religiosa que, según Tartaglione, vive hasta diez años más que la media estadounidense. La fe, el sentido de pertenencia y los lazos que se tejen alrededor de los rituales parecen ser el motor.
- Costa Rica: frutas tropicales a diario y un ritmo de vida tranquilo. Muchos de sus habitantes superan los 80 años sin grandes esfuerzos.
- Icaria, Grecia: la isla hace el trabajo. Las subidas y bajadas constantes obligan a caminar durante todo el día, de manera casi inconsciente.
- Cerdeña, Italia: lo que sale de la tierra, lo que le da el sol, lo que se pudre, como define Tartaglione. Productos frescos, sin ultraprocesados, cosechados cerca de la cocina.
- Okinawa, Japón: el ikigai, el propósito diario. No hace falta nada enorme: tomarse un mate con una amiga, sacar al perro, salir a caminar. La vida se ordena alrededor de pequeñas razones.
El denominador común que cruza a estas cinco comunidades se puede resumir en cuatro patas: movimiento cotidiano integrado al paisaje y no encerrado en un gimnasio, alimentación lo más natural posible, vínculos sociales activos y algún tipo de motivación que organice la jornada. Ninguno de esos hábitos requiere dinero extra, tecnología sofisticada ni condiciones excepcionales. Requieren, eso sí, decisión y constancia.
“La genética explica apenas el 25% de cuánto vivimos. El resto lo construimos nosotros, con lo que hacemos cada día.”Jorge Tartaglione, cardiólogo
Lo que la evidencia viene mostrando
Tartaglione es insistente en un punto: no se trata de modas ni de recetas mágicas importadas de culturas lejanas. Se trata de mirarse la propia rutina y preguntarse cuántos de esos ingredientes ya están, de alguna manera, a mano. ¿Cuántos minutos caminamos por día sin darnos cuenta? ¿Cuánta comida real comemos frente a ultraprocesados? ¿Tenemos un motivo para levantarnos? ¿Compartimos mesa y tiempo con otros? El especialista menciona casos de personas de 90 años en Okinawa que se levantan a bailar, cantar o tocar música, no como hazaña sino como parte natural de su jornada.
La próxima vez que el despertador suene, la invitación es a hacerse esas preguntas. No para imitar a un japonés de 95 años en la pampa húmeda, sino para entender que, como dice Tartaglione, el 75% de la longevidad se juega en las decisiones cotidianas. La comunidad científica lo viene señalando hace décadas; estas cinco zonas del planeta son, en cierto modo, el laboratorio más grande del mundo.
