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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Ciática bajo control: cuándo moverse, cuándo parar y cuándo ir al médico sin perder tiempo

Una fisioterapeuta y un cirujano ortopédico detallan qué ejercicios pueden ayudar a sobrellevar el dolor del nervio ciático, cómo regular las repeticiones y qué señales obligan a suspender la rutina y consultar de inmediato.

Por Delfina ColqueComunidades y territorio · · hace 9 d
Ciática bajo control: cuándo moverse, cuándo parar y cuándo ir al médico sin perder tiempo

Antes de lanzarse a probar cualquier postura para aliviar la ciática, conviene escuchar al cuerpo. El ejercicio debe frenarse en seco si en lugar de calmar la molestia la profundiza o suma presión nueva. Y hay tres banderas rojas que no admiten espera: debilidad que aparece de golpe, pérdida marcada de sensibilidad y cambios en el control de la vejiga o los intestinos. Frente a cualquiera de esas señales, la consulta médica no se posterga.

Cómo se siente la ciática y por qué no alcanza con un video de YouTube

Rohan Desai, cirujano ortopédico de columna, lo describe con una frase que cualquier adulto de entre cuarenta y sesenta años entiende rápido: la irritación del nervio ciático puede sentirse como dolor, como una quemazón o como un hormigueo que arranca en la zona lumbar y se estira por una pierna. Esa descripción, sin embargo, no basta para armar una rutina en la cocina. Los movimientos hay que elegirlos a partir de una evaluación profesional y, sobre todo, de la respuesta que el cuerpo devuelve en cada repetición. El instituto que regula las recomendaciones clínicas en el Reino Unido, el NICE, sugiere retomar las actividades cotidianas de a poco y de acuerdo con la evolución de cada paciente, no según un esquema fijo.

“La irritación del nervio ciático puede manifestarse como dolor, sensación de quemazón u hormigueo que compromete la región lumbar y una pierna.”Rohan Desai, cirujano ortopédico de columna

Lo que propone la fisioterapeuta, paso por paso

Jennifer Howe, fisioterapeuta, pone sobre la mesa una serie de movimientos pensados para la cadera, el abdomen y la espalda baja. Son orientaciones que, aclara ella misma, no reemplazan al diagnóstico médico ni sirven igual para todos. La regla de oro es siempre la misma: si el dolor aumenta, se corta. Y para que la práctica sea segura, trabaja con tiempos cortos y repeticiones bajas.

  • Movilización de cadera en cuatro: acostado boca arriba, apoyar un tobillo sobre la rodilla de la otra pierna y llevar ambas hacia el pecho. Sostener treinta segundos y repetir tres veces por lado, sin forzar.
  • Estiramiento guiado de pierna: sostener una pierna por detrás de la rodilla y llevarla lentamente hacia el hombro del lado contrario. Mantener treinta segundos, repetir tres veces y cambiar de pierna, sin tirones.
  • Activación abdominal baja: boca arriba, con las piernas flexionadas y las plantas de los pies apoyadas, contraer el abdomen hasta que la zona lumbar toque la superficie. Diez repeticiones de cinco segundos cada una.
  • Rodillas al pecho para la zona lumbar: acercar ambas rodillas al pecho y sostener treinta segundos, con tres repeticiones, siempre que el dolor vaya cediendo.
  • Apoyo sobre antebrazos ante hernia discal: acostado boca abajo, sostener el peso sobre los antebrazos con los codos alineados debajo de los hombros durante treinta segundos, y repetir solo si la molestia que baja por la pierna disminuye.

La comunidad médica de cabecera lo resume en una idea que vale la pena repetir: moverse es parte del tratamiento, pero moverse mal puede empeorar el cuadro. Por eso, antes de copiar cualquier secuencia de internet, el paso más sensato es sentarse con un profesional, contarle cómo empieza el dolor, dónde se irradia y qué lo calma, y armar juntos un plan que se ajuste a la espalda y a la vida de cada uno.

DC
Delfina ColqueComunidades y territorio

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