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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Cerúndolo se topó con un muro belga y volvió a chocar contra la misma pared

Francisco cayó en octavos del US Open ante Alexander Blockx, que lo desgastó desde el fondo con una estrategia de paciencia infinita. El argentino volvió a quedar a un paso de los cuartos de un Grand Slam, esa frontera que se le niega una y otra vez.

Por Nicolás ApazaDeportes · · hace 37 d
Cerúndolo se topó con un muro belga y volvió a chocar contra la misma pared

Otra vez ahí, plantado en la puerta de los cuartos de final de un Grand Slam, con la manija en la mano y la cerradura que no gira. Francisco Cerúndolo llegó a octavos del US Open con la mochila cargada de las mismas decepciones que en Australia y Roland Garros, y se volvió a casa con el libreto intacto: el talento enorme, el corazón enorme, y el pase que sigue sin llegar. Esta vez el verdugo fue el belga Alexander Blockx, 34 del mundo, que le ganó 6-3, 4-6, 7-5 y 7-5 en dos horas y diecinueve minutos de un partido que fue, sobre todo, una pelea de desgaste.

El plan del europeo: pared, pared y más pared

Blockx, veintiún años, se paró varios metros detrás de la línea de fondo y devolvió prácticamente todo lo que le tiraron. Esa táctica, que parece aburrida en el papel, en la cancha es una trampa mortal: te obliga a pegarle un tiro más, y otro más, hasta que el error aparece porque la física no perdona. Y eso le pasó al Flaco. Tuvo que inventar siempre un golpe extra, y ese golpe extra se fue afuera más veces de las que el partido le permitió.

  • Cerúndolo rompió solo 3 de las 17 chances de quiebre que tuvo; Blockx, en cambio, concretó 6 de 12.
  • El argentino terminó con 34 winners y 50 errores no forzados; el belga firmó 36 winners y 44 errores.
  • Blockx se llevó 137 puntos contra 133 del argentino, en un cruce donde cada pelota duró un suspiro.

El primer set fue el que le rompió el esquema a Fran. El belga metió las dos primeras oportunidades de break que tuvo y cerró 6-3 en cincuenta minutos, mientras el argentino había despilfarrado ocho chances de quebrar y solo había convertido una. Ahí quedó la diferencia: el europeo no necesitó más que ser sólido; al porteño le faltó precisión en los momentos donde el partido se define.

La reacción que no alcanzó

En el segundo parcial apareció el Cerúndolo que uno quiere ver. Quebró de entrada, sostuvo su servicio y se mandó a la red con una decisión que el propio partido le pedía: subió y ganó 13 de los 15 puntos que jugó ahí. Lo cerró 6-4 y la historia parecía rearmarse. Pero el belga, que es belga y no se cae nunca, recuperó el control en el tercero y el cuarto. Rompió el saque cuando más dolía y se quedó con ambos sets por 7-5, sin hacer ruido, como buen muro que sabe que su trabajo es esperar.

Me da bronca ser honesto. Cerúndolo tiene todo para pasar esa frontera que se le viene negando hace rato: el drive, la derecha, las piernas, la cabeza. Lo que le falta, por ahora, es esa cuota de fineza en los puntos claves, esa calma que separa al que rompe del que se queda en la puerta. Blockx no fue un genio creativo; fue un obrero del tenis que le ganó al obrero argentino porque llegó a la hora de la verdad con menos polvo en la máquina.

Ahora el calendario sigue y la barrera queda ahí, esperando, como cada año. Ojalá en 2027 sea el turno del Flaco. Mientras tanto, el fixture del fin de semana pone a varios argentinos en distintos torneos del circuito, y la cancha, en Nueva York, sigue siendo el escenario más cruel del tenis. Pero eso, mejor, lo charlamos en la próxima.

NA

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