Casablanca, el clásico que se negó a tener heredero: cuatro intentos y ninguna secuela
A lo largo de décadas, Warner Bros. intentó el filme de 1942 con una secuela de posguerra, un remake que rechazTruffaut y un tratamiento de los años ochenta. Ninguno prosperó: el peso de Bogart y Bergmanresultó demasiado grande.
Dicen que hay cosas que es mejor no tocar porque se rompen, y el clásico que Michael Curtizfilmó en 1942 con Humphrey Bogart, Ingrid Bergman y ese piano del Rick's Café es la prueba más contundente de esa sentencia popular. La película se ganó un lugar en la memoria colectiva de varias generaciones y, sin embargo, eso no fue óbice para que Warner Bros.volviera una y otra vez sobre la idea de estirar su magia con una secuela o un remake. Lo hizo al menos cuatro veces en casi medio siglo. Lo que sigue es la historia de esos intentos y de por qué ninguno llegó a buen puerto.
Brazzaville, la secuela que se quedó en el cajón
El primer impulso llegó casi en caliente, cuando la película todavía estaba en las salas. El estudio le encargó a Frederick Stephani un guion titulado Brazzaville, pensado como continuación directa del argumento original. La apuesta era fuerte: recuperar a Humphrey Bogart como Rick Blaine, a Claude Rains como el capitán Louis Renault y a Sydney Greenstreet como Ferrari, para retomar la charla final del aeropuerto y mostrar qué había sido del cafetero de Casablanca sin la presencia de Ilsa Lund en su vida. El proyecto naufragó cuando los responsables cayeron en la cuenta de que uno de sus giros centrales —revelar que Rick y Renault habían sido agentes aliados desde el principio— desmentía la evolución interna que ambos personajes habían tenido a lo largo del film. Una contradicción demasiado grande como para ignorarla, y la idea terminó archivada.
Truffaut, el director que dijo que no
Pasaron los años y la película se volvió intocable, pero el estudio no se resignaba. En 1973, la Warner apostó por un remake y le ofreció la dirección a François Truffaut, que por entonces estaba en pleno apogeo de su carrera internacional. El cineasta francés rechazó la propuesta con un argumento que, dicho en otras palabras,resume el problema de fondo de cualquier empresa de este tipo: encontrar actores capaces de reemplazar a Bogart y Bergman era prácticamente imposible, y el cariño que el público estadounidense le tenía a la película convertía cualquier nueva versión en unaHerejía casi inevitable. Su negativa enfrió la iniciativa y el proyecto quedó en stand by.
Return to Casablanca y la sombra de Howard Koch
El intento más ambicioso llegó en los años ochenta, de la mano de alguien que conocía la película desde adentro: Howard Koch, uno de los guionistas del filme original, escribió un tratamiento para una secuela titulada Return to Casablanca. La historia seAmbientaba dos décadas después de los hechos del Rick's Café y seguía a Richard, el hijo que Rick e Ilsa habían tenido, en su descubrimiento del propio origen y en un viaje a Oriente Próximo en busca de su padre biológico. Koch pensaba contar con la propia Ingrid Bergman para interpretar a una Ilsa ya madura, lo que le daba al proyecto un aire de continuidad casi familiar. La muerte de la actriz en 1982 obligó a reformular todo el planteamiento. Warner Bros. rechazó el tratamiento original y también una versión revisada que Koch presentó en 1989, cuando ya no quedaba ninguna estrella de la película original en condiciones de sumarse.
El round de Cass Warner
Años más tarde, la idea volvió a cruzar la puerta del estudio de la mano de Cass Warner, nieta de uno de los cofundadores de la compañía. La propuesta fue nuevamente rechazada, aunque desde la Warner dejaron una puerta entreabierta: reconsiderarían el proyecto si aparecía un director con el peso suficiente como para llevarlo adelante. Ese director nunca apareció, y la posibilidad de una Casablanca 2 se fue apagando con el correr de los años.
Por qué ningún heredero pudo con el original
La resistencia de Casablanca a cualquier no se explica por falta de voluntad sino por un problema de fondo, casi de arquitectura emocional: el impacto del filme descansa en un final que no pide re—en una despedida que se resuelve con un avión que despega en la niebla y dos protagonistas que eligen el deber por encima del deseo. Como me dijo una vez un colega cinéfilo mientrasCompartíamos un café en Boedo, intentar continuar esa historia es como pretender escribir un segundo final para una novela que ya está cerrada con la última página pegada. Lo dijo mientras Bogart y Bergman nos miraban desde la pantalla del televisor prendido del boliche, como si supieran que tenían razón. Después de cuatro intentos, parece que el estudio terminó por aceptar la evidencia: hay clásicos que están vivos justamente porque nadie se animó a traerlos de vuelta.
