Breaking Bad, el viaje de un profesor común hacia el corazón oscuro de una decisión extrema
La serie creada por Vince Gilligan y emitida entre 2008 y 2013 quedó primera en un ranking que reunió a 500 voces de la industria televisiva; repasamos por qué sigue interpelando.
Dicen que cada pueblo tiene su manera de nombrar lo que parece imposible, y yo creo que a veces las series hacen lo mismo: le ponen nombre y apellido a cosas que ya estaban pasando ahí, en la calle, en la cocina, en la incertidumbre del domingo a la noche. Breaking Bad, la creación de Vince Gilligan que se emitió entre 2008 y 2013, es una de esas ficciones que se animan a ponerle palabras a una pregunta muy concreta: qué haría usted, una persona común, si la vida le pusiera un plazo encima. Esa pregunta, y todo lo que viene después, es lo que volvió a poner a la serie en el centro de la conversación.
El punto de partida que cambió la fórmula del policial
La historia gira en torno a Walter White, un profesor de química al que le diagnostican cáncer pulmonar terminal. Para dejarle un respaldo económico a su familia, decide incursionar en la fabricación y venta de metanfetamina, y esa decisión lo empuja a un mundo que estaba muy lejos de su rutina. Lo que empieza como una preocupación hogareña termina modificando la vida entera del protagonista, y también la de quienes lo rodean, y ahí, justamente ahí, aparece lo que la serie narra con notable paciencia.
A lo largo de sus 62 episodios, el relato modifica su temperatura de manera muy consciente. En los primeros capítulos hay una comedia negra con filo, con un humor que se permite incomodar; después, a medida que Walter se va alejando de su propósito original, la narración se vuelve más grave, más densa, más silenciosa. Esa distancia entre lo que el personaje quiso hacer y lo que efectivamente terminó haciendo es, a mi entender, el motor real de la serie, mucho más que cualquier escena de acción o cualquier golpe de efecto.
- Walter White, encarnado por Bryan Cranston, un profesor de química que encuentra en su formación el conocimiento para producir metanfetamina.
- Jesse Pinkman, interpretado por Aaron Paul, un expartner en el mundo del narcotráfico que se vuelve clave en la nueva etapa de Walter.
- Skyler, el papel de Anna Gunn, la esposa que debe enfrentar el derrumbe de la imagen que tenía de su marido.
- Better Call Saul, la serie derivada centrada en el personaje de Bob Odenkirk, que en el mismo ranking aparece en el puesto 27.
- El camino, la película que retoma a Jesse Pinkman, otra vez con Aaron Paul, para cerrar su recorrido.
Un primer puesto construido con muchas voces
Lo que volvió a instalar a Breaking Bad en la mesa de discusión fue un ranking reciente que la ubicó primera entre las 100 mejores series del siglo XXI. Para ese listado se recogieron las opiniones de 500 figuras del ámbito de la televisión, entre quienes figuraron actores como Elisabeth Moss, el propio Bryan Cranston y Jason Bateman, además de realizadores como Damon Lindelof y Noah Hawley. No se trata entonces de un premio sectorial ni de un reconocimiento corporativo: es el resultado de cruzar medio millar de miradas que trabajan, producen o critican televisión todos los días, y que coincidieron en colocar a Walter White y los suyos en lo más alto.
A mí, lo que más me sigue resonando de esta ficción es algo bastante sencillo y al mismo tiempo incómodo de decir: Breaking Bad no cuenta una historia de criminales, cuenta la historia de alguien que se vuelve criminal mientras sigue creyendo que tiene buenas razones para hacerlo. Y esa zona gris, esa especie de desculpa permanente que Walter se va inventando capítulo tras capítulo, es lo que vuelve a la serie tan vigente, tan actual y tan difícil de esquecer. Por eso, cuando terminé de recorrer de nuevo sus capítulos y sus derivaciones, sentí que la pregunta del final no era cuánto dura una buena serie, sino cuánto tarda una buena serie en mostrar lo que muchas veces no queremos ver de nosotros mismos.
Te puede interesar
