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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Bill Gates rompe su propio entusiasmo y ahora pide que se frene la inteligencia artificial antes de que sea tarde

El cofundador de Microsoft advirtió que la velocidad de los nuevos modelos superó las expectativas y reclamó que el debate deje de ser exclusivo de las empresas tecnológicas y se abra a cientistas sociales, funcionarios y organizaciones de la sociedad civil.

Por Rosario ChauqueCultura y tradiciones · · hace 40 d
Bill Gates rompe su propio entusiasmo y ahora pide que se frene la inteligencia artificial antes de que sea tarde

Dicen los mayores del pago que cuando el patrón empieza a mirar el techo con cara larga, no es que le duela la muela: es que se vino la tormenta. Y algo de eso parece haberle pasado a Bill Gates, que durante años fue de los que cantaban loas a cada salto de la tecnología y ahora, en un giro poco habitual, levantó la mano y pidió que se frene la marcha de la inteligencia artificial antes de que los daños sean más grandes que los beneficios. Lo hizo a través de un extenso memorándum que después salió a explicar él mismo en un video colgado en sus redes, donde dejó muy claro que el debate ya no le pertenece solamente a quienes fabrican estos sistemas.

Un diagnóstico que incomoda

La idea central del texto es bastante directa y, al mismo tiempo, incómoda para el propio ecosistema tecnológico: el ritmo al que están mejorando los modelos de inteligencia artificial superó las expectativas de la mayoría de la gente, y esa brecha entre lo que ya existe y lo que la sociedad alcanza a discutir se convirtió en un riesgo concreto, de los que conviene atender antes de que se vuelva irremediable. Gates lo puso en palabras bien crudas: le sorprende la cantidad de gente que todavía cree que los sistemas verdaderamente avanzados están a varias generaciones de distancia, cuando a su entender varios de los desafíos más serios pueden caer mucho antes de lo previsto.

“Me sorprende la falta de participación fuera de la industria en cuanto a los problemas que se plantearán y cómo evitar o minimizar los posibles efectos negativos de la IA.”Bill Gates

Lo que el cofundador de Microsoft está proponiendo, en buen romance, es que la conversación se saque del living de las empresas de Silicon Valley y se mudé a una mesa más ancha, donde puedan sentarse cientistas de otras disciplinas, expertos en políticas públicas, organismos del Estado y organizaciones de la sociedad civil. No se trata, según insistió, de ponerle un candado a la innovación ni de volver al tiempo de los molinos, sino de identificar los problemas antes de que se enquisten y resulte casi imposible desandar el camino. Esa advertencia, viniendo de alguien que supo ser uno de los vendedores más convincentes del progreso tecnológico, tiene un peso especial, porque no es la lectura de un catastrofista de internet sino la de alguien que conoce la máquina por dentro.

  • La velocidad de los modelos de IA ya superó las expectativas de buena parte del público y de los propios especialistas.
  • El debate sobre cómo controlar esta tecnología quedó casi exclusivamente en manos de la industria que la desarrolla.
  • Todavía hay actores relevantes que creen que los sistemas avanzados están lejos, cuando varios problemas complejos podrían llegar mucho antes.
  • Falta incorporar a cientistas de otras disciplinas, expertos en políticas públicas, organismos del Estado y organizaciones sociales.
  • Según Gates, los efectos negativos pueden superar a los positivos si no se establecen mecanismos de control adecuados.
  • Aun con estos reparos, mantiene su expectativa de que la IA ayude a resolver problemas globales como el cambio climático o la malaria.

Gates, que uno lo escucha hablar y se da cuenta de que no es de los que se quedan callados frente a un micrófono, reconoció abiertamente que esta postura rompe con su propio historial de optimista serial, y hasta se permitió confesar que hay preguntas para las que todavía no tiene respuesta y que van a necesitar del trabajo conjunto de gente con saberes muy distintos, incluso a escala global. Al mismo tiempo, no renunció del todo a la parte luminosa del asunto y volvió a poner sobre la mesa herramientas pensadas para acompañar a agricultores golpeados por el cambio climático y la posibilidad de que la IA acelere avances científicos en salud, con la malaria como ejemplo. Es, si se quiere, la misma receta de siempre pero condimentada con una advertencia nueva: ningún avance, por más prometedor que parezca, justifica dejar la discusión en manos de unos pocos. Una reflexión que, dicho sea de paso, le cabe no solamente a las gigantes de la tecnología sino también a cada gobierno que todavía se hace el distraído frente a una herramienta que ya está cambiando, para bien y para mal, la forma en que vivimos.

RC
Rosario ChauqueCultura y tradiciones

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