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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Alergia al maní: por qué una reacción leve previa no descarta una anafilaxia y cómo actuar a tiempo

La alergista Jaclyn Bjelac, de Cleveland Clinic, advirtió que no hay forma de anticipar la gravedad del próximo episodio y repasó las señales de alarma, el primer paso ante una emergencia y la importancia de preparar el entorno, sobre todo cuando hay bebés y niños pequeños a cargo.

Por Agustina RuedaSalud y sociedad · · hace 35 d
Alergia al maní: por qué una reacción leve previa no descarta una anafilaxia y cómo actuar a tiempo

No todas las reacciones alérgicas al maní se comportan de la misma manera, y esa variabilidad es justamente lo que vuelve a este cuadro especialmente delicado. Algunas manifestaciones quedan circunscriptas a una zona del cuerpo y se resuelven sin mayores inconvenientes; otras, en cambio, evolucionan hacia una anafilaxia, una emergencia médica que puede comprometer la vida del paciente en cuestión de minutos si no se interviene de manera adecuada y oportuna.

De acuerdo con lo explicado por Jaclyn Bjelac, alergista de Cleveland Clinic, no existe hasta el momento una forma confiable de predecir cuán grave será una reacción futura a partir de lo ocurrido en exposiciones anteriores. Una persona que únicamente tuvo manifestaciones leves en contactos previos con maní puede presentar, en una siguiente oportunidad, una respuesta significativamente más intensa. Ese antecedente, por lo tanto, no debe interpretarse como una garantía de que el próximo episodio leve.

Señales que exigen actuar sin demora

Según describió la especialista, la anafilaxia puede presentarse de forma súbita, pero también puede iniciarse con molestias que en principio parecen moderadas y agravarse minutos más tarde. Por ese motivo, Bjelac insistió en la necesidad de observar cualquier cambio en el cuadro clínico del paciente y de no aguardar a que los síntomas graves cedan por sí solos, ya que cada minuto cuenta en este tipo de cuadros.

  • Dificultad para respirar o sensación de falta de aire.
  • Sensación de garganta cerrada o disfonía (cambios marcados en la voz).
  • Hinchazón pronunciada, especialmente en labios, lengua o párpados.
  • Mareos, sensación de desmayo o pérdida de conciencia.
  • Aparición simultánea de síntomas en dos o más zonas del cuerpo, aunque cada uno en forma aislada no parezca grave, ya que esa combinación puede indicar un cuadro serio.

Frente a cualquiera de esos signos, la alergista de Cleveland Clinic indicó que el primer paso consiste en administrar la epinefrina (adrenalina) recetada por el médico tratante mediante el autoinyector correspondiente y, de forma inmediata, comunicarse con los servicios de emergencia. La epinefrina es el tratamiento de elección en la anafilaxia y su aplicación temprana se asocia con mejores desenlaces clínicos.

Bebés, niños pequeños y preparación del entorno

En los bebés y en los niños pequeños, identificar una reacción alérgica puede resultar más complejo que en los chicos más grandes, ya que no siempre pueden describir con precisión lo que sienten. Pueden aparecer los mismos síntomas que en los niños mayores, pero también formas de presentación algo distintas, como cambios de comportamiento, llanto persistente o rechazo del alimento. Esa variación torna aún más relevante que los cuidadores, los familiares y el personal a cargo del menor conozcan de antemano qué observar y cómo proceder.

Bjelac subrayó que la preparación previa constituye una parte central de la respuesta ante una eventual emergencia. Contar con un plan de acción claro por escrito, tener la medicación indicada al alcance de la mano y saber exactamente cuándo utilizarla reduce considerablemente la incertidumbre en el momento en que menos tiempo hay para dudar. Esa organización, además, implica que todas las personas que forman parte de la vida cotidiana del niño —padres, abuelos, docentes, cuidadores— conozcan los pasos a seguir y la ubicación del autoinyector.

La prevención cotidiana continúa siendo un pilar del manejo de esta alergia. Saber en qué preparaciones puede estar presente el maní —desde golosinas y productos de panadería hasta salsas y platos elaborados fuera del hogar— y revisar detenidamente las etiquetas de los productos que se consumen son medidas que reducen de manera concreta las posibilidades de una exposición accidental. Ante cualquier duda sobre el contenido de un alimento, la consulta con el especialista en alergia y con el pediatra de cabecera resulta siempre la conducta más prudente.

Para una evaluación personalizada, se recomienda concurrir a un servicio de alergia e inmunología o a la guardia del hospital más cercano ante la aparición de síntomas; la atención especializada funciona, en general, en el turno matutino de lunes a viernes, mientras que las guardias permanecen disponibles las veinticuatro horas para cuadros agudos.

AR
Agustina RuedaSalud y sociedad

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