A los 49, el Gordo Sepúlveda volvió porque las hijas se largaron a llorar
El histórico del básquet argentino, cinco veces ascensorista a la Liga Nacional, se calza otra vez los botines en Plottier para jugar el Prefederal de Neuquén. La historia detrás de un regreso que empezó casi de broma y terminó con lagrimón familiar.
Lo aclaro de entrada: lo de Mario Sepúlveda no es una vuelta cualquiera. Es un tipo que tiene 49 años, cinco ascensos a la Liga Nacional en el lomo y un retiro firmado en 2023, después del Federal. Y ahora, otra vez, se muda al estadio con la planilla bajo el brazo. Esta vez para jugar el Prefederal de Neuquén con el Torito de Plottier. Sí, leíste bien: el Gordo vuelve a las canchas casi entrando en el medio siglo. Si te lo cuentan en un bar, decís que es joda.
La excusa que él mismo pone es bien argentina: "fue sin querer queriendo". Traducido: arrancó por casualidad y terminó firmando planilla. Después de colgar los botines, el Gordo intentó no caer en el sillón. Iba al gimnasio cuando podía, o sea, casi nunca. El ritmo no aparecía. Hasta que un día se enganchó entrenando con los Sub 21 de Centro Español, lunes, miércoles y viernes, y el cuerpo le empezó a pedir competir otra vez. "Me propuse jugar la segunda parte del año con los chicos y me encontré que había Prefederal. La responsabilidad y la exigencia escaló mucho más de lo que pensaba", contó él, con la honestidad que lo caracteriza.
Las hijas, el motor que faltaba
Faltaba una pieza para que el asunto pasara de la idea al hecho. Y esa pieza la tenía en casa. Sus hijas, Juana, 17 años, futbolista en Talleres, y Charo, 14, basquetbolista en el mismo club donde vuelve el padre, venían pidiéndole que regresara. Hasta que un día el Gordo largó la broma y soltó la bomba. Lo que pasó después lo cuenta mejor que nadie.
“Cuando les dije en broma que volvía encontré en sus caras una felicidad que no lo podía creer. Se largaron a llorar de la felicidad.”Mario Sepúlveda
Ahí se cayeron las excusas. También reconoció el rol de Naty, su compañera, como parte del sostén cotidiano para bancar semejante decisión. Porque una cosa es pegar un grito en el asado diciendo "vuelvo" y otra muy distinta es presentarse a entrenar con pibes que podrían ser tus hijos y, en algunos casos, tus amigos del Facebook.
Cuarenta y nueve, con los pies sobre la tierra
El Gordo no se miente. Sabe que el básquet de hoy no es el de sus mejores años y que la diferencia la va a sentir en el cuerpo. "El básquet ha evolucionado mucho en la parte física, que es en la que más ventajas voy a dar, sobre todo en la recuperación después de jugar", reconoció, con la lucidez de un veterano que ya vio pasar tres generaciones de jugadores. Con esa lectura cruda del presente, el objetivo no es ningún título imposible: es competir, pasarla bien y dejar algo dentro de la cancha. Mientras pueda, claro.
- Mario Sepúlveda tiene 49 años y cinco ascensos a la Liga Nacional como entrenador o jugador en distintos proyectos.
- Se retiró en 2023, al finalizar su paso por el Federal, y volvió a la competencia por una invitación del club neuquino.
- El regreso se cocina en Plottier, defendiendo los colores de Centro Español, el Torito, en el Prefederal de Neuquén.
- La decisión la terminaron de empujar sus hijas Juana (17, en Talleres) y Charo (14, en el propio club).
- El propio Sepúlveda asume que la desventaja principal será física, sobre todo en la recuperación entre partidos.
La movida recorrió el ambiente. La comunidad del básquet argentino, esa que Sepúlveda conoce como pocos después de décadas de viajes, ascensos y zonas mixtas, le mandó mensajes de aliento apenas se conoció la novedad. "Esta hermosa comunidad del básquet recibió la noticia como una enorme alegría y me la transmite todo el tiempo", resumió. Un mimo merecido para alguien que dejó huella en varios clubes del país.
Ahora, la pregunta del millón que sobrevuela el regreso: ¿un jugador de 49 puede aportar de verdad en un torneo de ascenso, o lo de Plottier es más una historia emotiva que un proyecto deportivo? Mi instinto me dice que las dos cosas. A esta altura, Sepúlveda no va a ganar partidos él solo, pero tampoco los va a perder. Conoce los clubes, las cargadas de cancha visitante, los viajes largos y losarbitros enojados. Eso, en un Prefederal, vale oro. Y si las hijas están en la tribuna llorando de felicidad, el Gordo ya ganó lo que ningún ascenso te da.
